La mano inmóvil


 

Julia vivía en un mundo de luces y sombras al que amaba. Deseaba muchas cosas, sí, pero no para sí, sino para los demás.

Su casa era su mundo, su techo: la aprobación, sus ventanas: el agradecimiento de la gente, su puerta: su generosidad y sólo su jardín era un poco suyo. Lo constituía la espera desinteresada y su confianza hacia el prójimo.

Julia no conocía realmente nada de sí misma mas que lo que debía realizar para ayudar a los demás.

Sabía que existía su jardín pero siempre posponía su visita. No sabía si tenía flores o estaba vacío. Cuando pensaba en ocuparse de él siempre alguien la necesitaba y posponía la visita.

Julia podía definirse más que como una persona, como una mano…

Nadie se tomaba el trabajo de mirarla, bastaba con ver si en su mano extendida estaba lo que le habían pedido. Y siempre era así, ella cumplía…

Con el paso del tiempo Julia se fue convirtientdo cada día más en sólo eso: una mano.

Mientras tanto, sin que ella se diera cuenta, su jardín se iba convirtiendo en un terreno vació y desierto. Su única posesión personal se iba destruyendo lentamente y así también su espera. Y así, sin siquiera percatarse se fueron yendo los pájaros, que ella nunca había visto, es decir también se quedó sin esperanza.

Ella en su continuo trajín seguía dando aún más allá de sus fuerzas.

Su mano había tomado, casi podía decirse, vida propia. Así ella seguía dando mientras Julia se iba esfumando como su jardín; pero no se daba cuenta. Confiada en la existencia de su único refugio, su jardín, seguía entregándose más y más.

Una mañana Julia comenzó a sentirse mal entonces decidió acordarse de su jardín y fue a visitarlo. Cuando llegó se dio cuenta que su única posesión había desaparecido y con él su consuelo: su esperanza.

La pena y el dolor que la embargaron eran indescriptibles y se acentuó cuando se dio cuenta que no habían sido sus obligaciones la causa de su pérdida. El jardín había sido saqueado, lo que mas la hería era que las únicas personas que podían haberlo hecho, eran aquellos que recibían de sus manos su ayuda. Ya que sólo ellos llegaban a su casa.

El impacto fue tan grande que la fuerza de Julia fue disminuyendo, a pesar de sus vanos intentos de reponerse.

De pronto los que venían a buscar ayuda se encontraron sin Julia, sólo con una mano, pero esta vez inmóvil y vacía.

La gente no podía entender lo que sucedía pero tampoco intentaron averiguarlo. Volvieron varias veces pero la mano seguía vacía. Nadie preguntó por Julia, nadie trató de ayudarla. Con el tiempo se olvidaron de ella y se fueron en busca de otra mano pródiga.

No se supo nada más de Julia, los pocos que intentaron verla se encontraron sólo con su mano inmóvil y se fueron sin siquiera preguntar.

Julia se quedó en el terreno vacío que fue su jardín. Con los ojos puestos en el cielo esperando que algún pájaro volviera y le devolviera la esperanza que había perdido. Observaba la tierra seca para ver aparecer una gramilla, aunque más no fuera y con el deseo de ver una flor.

Algunos cuentan que al pasar el tiempo volvió a crecer su verde jardín y también que regresaron los pájaros multicolores pero también dicen que a Julia no se la volvió a ver. Otros dicen que Julia se convirtió en pájaro y que se fue con ellos, otros dicen que se fundió en la tierra durante la espera y que está ahí, solamente esperando que alguien venga a preguntarle si necesita algo. Otros dicen que mirar su mano inmóvil la mato.puede ser posible, pero lo único que es real es que Julia ya no está, que se fue esfumando como su jardín y que entre las flores, que renacieron en él, a ella ni a su mano se las puede ver.

El tiempo dará una respuesta o tal vez, en honor a Julia, el tieién callará.

                                                 

 

 

CAMINABA CON LA CABEZA GACHA

Caminaba con la cabeza gacha, mechones grasosos de pelo caían sobre su rostro, ese rostro que en esa etapa de la vida: la infancia, se había convertido en un enigma para todos los chicos que los observaban a lo lejos y con cierto temor.

Todas las mañanas se lo veía revolviendo cartones y trapos bajo el puente al lado del río, por la tarde con sus pies, medio vestidos con restos de medias viejas, caminaba bajo el aplastante sol del verano con una botella vacía de vino bajo el brazo. Por la noche desaparecía bajo el puente.

Los niños al lado del río, mientras pescaban, comentaban: ha de tener cara de monstruo…no decía otro: parece muy viejo…Así seguían los comentarios sobre el vagabundo.

La gente del lugar no le prestaba atención se encontraba casi podría decirse incorporado al paisaje, sin embargo no era bien visto y era rechazado sin palabras pero con miradas hirientes y con burlas grotescas.

Una tarde luminosa apareció una limusina negra de donde bajaron dos hombres que lo tomaron por los brazos, ante la resistencia del vagabundo, y lo metieron en el coche. Todos miraban, pero noté que no había ningún tipo de sorpresa, cuando el coche se fue cada uno volvió a sus tareas.

Creo que allí nació mi intriga sobre ese ser humano del cual ni siquiera conocía el nombre. Entonces le pregunté a la dueña de la única Despensa del lugar: se llama Jesús…me dijo secamente y se dio la vuelta para seguir acomodando unos paquetes.

Que hermoso nombre pensé y tan solo y perseguido como El. La información que había obtenido no me servía de mucho, pasaron los días y cual fue mi sorpresa cuando llegó el coche negro lujoso y los mismos dos hombres bajaron  a un hombre joven de pelo corto, lo dejaron bajo el puente y se fueron.

Tímidamente me acerqué y por primera vez ví su rostro. Me quedé impresionada, su piel era blanca y lisa y sus ojos profundamente azules era tremendamente joven. Cuando lo vi tan bien vestido acomodar trapos y acomodarse entre unos cartones me di cuenta que ese ser era, nada menos que, Jesús.

Con el transcurso de los días volvió a la rutina, poco a poco su bello rostro se fue cubriendo nuevamente de barba y el pelo empezó a crecer.

No podía aguantar mis dudas entonces me dirigí a la casa de una vecina que junto a su esposo cuidaban el lugar y que estaban allí desde mucho antes que se comenzaran a edificar las casas de veraneo.

Doña Carmen me abrió la puerta y luego de cruzar algunas palabras de cortesía, directamente le pregunté si sabía porque Jesús era un ciruja y le conté lo que había visto.

Mientras se tomaba unos mates, se quedó pensativa…recordando. Entonces me dijo: él no siempre fue así…un dejado de la mano de Dios, no, claro que no…

Yo esperaba ansiosa que continuara, pero ella parecía haberse quedado en una nube muy oscura de sus recuerdos y no la quería interrumpir. De pronto dijo: él es abogado ¿sabías? Mi sorpresa no podía ser mayor, la mujer continuó: sí lo es o lo era, es de una familia muy rica. Una vez por mes vienen a buscarlo lo bañan, lo visten…pero ¡es inútil! Lo traen porque sino se escapa e igual vuelve…siempre vuelve.

Desconcertada pregunté: pero ¿por qué? ¿Qué pasó?, ¿está loco? Se hizo otro silencio y la mujer continuó: no y sí, loco de pena y de angustia…... ¡eso sí!

Yo entonces le dije: cuénteme mas, ¡por favor!

Jesús era el mayor de tres hermanos, buena familia, mucho dinero. Cuando se recibió de Abogado le hicieron una  fiesta muy grande y también un asado para la peonada. Tenía una novia muy linda, todo el mundo lo respetaba. Le habían regalado un Estudio en Gral. Belgrano y otro en Buenos Aires, ¡va!, en la Capital, quiero decir…

Le dio otra chupada al mate, hizo un largo silencio y continuó: dicen que una noche de tormenta lo llamaron por teléfono de urgencia que así nomás tomó el abrigo y se fue. Dicen que era su mejor amigo que lo habían encarcelado por asesinato, así nomás!...por asesinato. Jesús se encargó de defenderlo, era su primer caso, lleno de fuego en las entrañas, luchó y luchó…pero parece que el caso se complicó, no sé dicen que fue cosa del  Juez… no sé, la cuestión que le dieron, creo que 20 años o algo así. El siguió con papeles para el Juez y esas cosas, pero parece que no tuvo suerte y nomás lo metieron en la cárcel, sí así fue.

Pero él es muy joven, dije yo. No tanto, dijo la mujer tiene casi 45 años…si por ahí anda. Pero el se recibió muy joven dije rápidamente, sí me contestó la mujer asintiendo con la cabeza…entonces el amigo ya salió de la prisión…la mujer asintió otra vez con la cabeza, chupó el mate y dijo: ¡sí! Pero hace mucho ya….entonces no entiendo, dije yo. La mujer en voz baja y levantando las cosas del mate dijo: si porque parece ser que luego de dos o tres añitos nomás, el Juez le dio la razón a esos papeles que había llevado el Jesús y lo soltaron.

La mujer se levantó para entrar, se venía la fresca, como ella misma decía, entonces como última pregunta dije: pero entonces lo salvó, la mujer despaciosamente dio media vuelta para mirarme y me dijo, sí Jesús lo salvó… pero él no pudo salvarse a él…

Salí de la casa pensativa, a lo lejos, se veía a Jesús preparando su tapera, se acercaba la noche y” pintaba fría” como decía por ahí. Mientras seguía sus movimientos comprendí: la cárcel que eligió Jesús era al aire libre para que así los gritos de su alma no se escucharan, la de su amigo había pasado a ser un recuerdo, tenía su familia y su vida. Jesús fue mas severo que el Juez, por leyes injustas de los hombres, se condenó de por vida a gritar sin ser escuchado y se decidió a vivir en el olvido.

Mientras la noche se cerraba sobre mí por ese camino reseco me preguntaba: ¿sabría el Juez que condenó al hombre equivocado, de por vida y por su error?

No, estoy segura que no, Jesús era solamente un simple hombre cargando su cruz, ¡no!, seguro que no querría acordarse de él….

                                                              Saya  Maabar

 

 

 

CAMINABA CON LA CABEZA GACHA

 

 

Caminaba con la cabeza gacha, mechones grasosos de pelo caían sobre su rostro, ese rostro que en esa etapa de la vida: la infancia, se había convertido en un enigma para todos los chicos que los observaban a lo lejos y con cierto temor.

Todas las mañanas se lo veía revolviendo cartones y trapos bajo el puente al lado del río, por la tarde con sus pies, medio vestidos con restos de medias viejas, caminaba bajo el aplastante sol del verano con una botella vacía de vino bajo el brazo. Por la noche desaparecía bajo el puente.

Los niños al lado del río, mientras pescaban, comentaban: ha de tener cara de monstruo…no decía otro: parece muy viejo…Así seguían los comentarios sobre el vagabundo.

La gente del lugar no le prestaba atención se encontraba casi podría decirse incorporado al paisaje, sin embargo no era bien visto y era rechazado sin palabras pero con miradas hirientes y con burlas grotescas.

Una tarde luminosa apareció una limusina negra de donde bajaron dos hombres que lo tomaron por los brazos, ante la resistencia del vagabundo, y lo metieron en el coche. Todos miraban, pero noté que no había ningún tipo de sorpresa, cuando el coche se fue cada uno volvió a sus tareas.

Creo que allí nació mi intriga sobre ese ser humano del cual ni siquiera conocía el nombre. Entonces le pregunté a la dueña de la única Despensa del lugar: se llama Jesús…me dijo secamente y se dio la vuelta para seguir acomodando unos paquetes.

Que hermoso nombre pensé y tan solo y perseguido como El. La información que había obtenido no me servía de mucho, pasaron los días y cual fue mi sorpresa cuando llegó el coche negro lujoso y los mismos dos hombres bajaron  a un hombre joven de pelo corto, lo dejaron bajo el puente y se fueron.

Tímidamente me acerqué y por primera vez ví su rostro. Me quedé impresionada, su piel era blanca y lisa y sus ojos profundamente azules era tremendamente joven. Cuando lo vi tan bien vestido acomodar trapos y acomodarse entre unos cartones me di cuenta que ese ser era, nada menos que, Jesús.

Con el transcurso de los días volvió a la rutina, poco a poco su bello rostro se fue cubriendo nuevamente de barba y el pelo empezó a crecer.

No podía aguantar mis dudas entonces me dirigí a la casa de una vecina que junto a su esposo cuidaban el lugar y que estaban allí desde mucho antes que se comenzaran a edificar las casas de veraneo.

Doña Carmen me abrió la puerta y luego de cruzar algunas palabras de cortesía, directamente le pregunté si sabía porque Jesús era un ciruja y le conté lo que había visto.

Mientras se tomaba unos mates, se quedó pensativa…recordando. Entonces me dijo: él no siempre fue así…un dejado de la mano de Dios, no, claro que no…

Yo esperaba ansiosa que continuara, pero ella parecía haberse quedado en una nube muy oscura de sus recuerdos y no la quería interrumpir. De pronto dijo: él es abogado ¿sabías? Mi sorpresa no podía ser mayor, la mujer continuó: sí lo es o lo era, es de una familia muy rica. Una vez por mes vienen a buscarlo lo bañan, lo visten…pero ¡es inútil! Lo traen porque sino se escapa e igual vuelve…siempre vuelve.

Desconcertada pregunté: pero ¿por qué? ¿Qué pasó?, ¿está loco? Se hizo otro silencio y la mujer continuó: no y sí, loco de pena y de angustia…... ¡eso sí!

Yo entonces le dije: cuénteme mas, ¡por favor!

Jesús era el mayor de tres hermanos, buena familia, mucho dinero. Cuando se recibió de Abogado le hicieron una  fiesta muy grande y también un asado para la peonada. Tenía una novia muy linda, todo el mundo lo respetaba. Le habían regalado un Estudio en Gral. Belgrano y otro en Buenos Aires, ¡va!, en la Capital, quiero decir…

Le dio otra chupada al mate, hizo un largo silencio y continuó: dicen que una noche de tormenta lo llamaron por teléfono de urgencia que así nomás tomó el abrigo y se fue. Dicen que era su mejor amigo que lo habían encarcelado por asesinato, así nomás!...por asesinato. Jesús se encargó de defenderlo, era su primer caso, lleno de fuego en las entrañas, luchó y luchó…pero parece que el caso se complicó, no sé dicen que fue cosa del  Juez… no sé, la cuestión que le dieron, creo que 20 años o algo así. El siguió con papeles para el Juez y esas cosas, pero parece que no tuvo suerte y nomás lo metieron en la cárcel, sí así fue.

Pero él es muy joven, dije yo. No tanto, dijo la mujer tiene casi 45 años…si por ahí anda. Pero el se recibió muy joven dije rápidamente, sí me contestó la mujer asintiendo con la cabeza…entonces el amigo ya salió de la prisión…la mujer asintió otra vez con la cabeza, chupó el mate y dijo: ¡sí! Pero hace mucho ya….entonces no entiendo, dije yo. La mujer en voz baja y levantando las cosas del mate dijo: si porque parece ser que luego de dos o tres añitos nomás, el Juez le dio la razón a esos papeles que había llevado el Jesús y lo soltaron.

La mujer se levantó para entrar, se venía la fresca, como ella misma decía, entonces como última pregunta dije: pero entonces lo salvó, la mujer despaciosamente dio media vuelta para mirarme y me dijo, sí Jesús lo salvó… pero él no pudo salvarse a él…

Salí de la casa pensativa, a lo lejos, se veía a Jesús preparando su tapera, se acercaba la noche y” pintaba fría” como decía por ahí. Mientras seguía sus movimientos comprendí: la cárcel que eligió Jesús era al aire libre para que así los gritos de su alma no se escucharan, la de su amigo había pasado a ser un recuerdo, tenía su familia y su vida. Jesús fue mas severo que el Juez, por leyes injustas de los hombres, se condenó de por vida a gritar sin ser escuchado y se decidió a vivir en el olvido.

Mientras la noche se cerraba sobre mí por ese camino reseco me preguntaba: ¿sabría el Juez que condenó al hombre equivocado, de por vida y por su error?

No, estoy segura que no, Jesús era solamente un simple hombre cargando su cruz, ¡no!, seguro que no querría acordarse de él….

                                                              Saya  Maabar

 

La piedra rosa

Era una tarde calurosa, en la cocina espaciosa de la casa, Inés se apuraba a terminar de decorar la torta de limón que era su especialidad. Ella ya tenía acostumbrada a su familia a esperar esa delicia de regalo cuando llegaban de visita o había algún festejo.

Inés es una mujer muy especial, extraña mezcla de: mamá gruñona con algo de niña inocente y tierna.

En el jardín, muy concentrado, su esposo Jorge preparaba el carbón para el asado del día siguiente.

Jorge es un hombre alto y robusto como un árbol frondoso, silencioso y muy detallista .Es de aquellas personas a las cuales la rectitud y la lealtad nacieron con él.

Luciana, su hija, dando vuelta por la casa pensaba ¿qué les voy a regalar a papá y a mamá para esta Navidad? , mientras tanto caminaba sin rumbo cruzándose con su mamá que trataba de guardar la torta y limpiar los utensilios de la cocina rápidamente.

De pronto se escuchó una voz diciendo: Luciana ¡por favor! No vez que estoy ocupada, me vas a hacer tropezar. Antes que Luly- como la "llamaban cariñosamente sus padres- pudiera contestar se escuchó la voz firme y resuelta de Jorge diciendo: ¿Cuántas veces tengo que decirte que ayudes a tu madre? y unos cuantos rezongos inentendibles pero que denotaban su enojo .

¡Bueno! Pensó Luciana, ahora si que las cosas se pusieron mal, no voy a poder pedirles dinero y yo no tengo suficiente ahorrado para comprarles algo.

Pensativa luly se puso a caminar por el césped del jardín del fondo ya mirar distraídamente el suelo.

Mientras tanto en su cabecita de niña la idea del regalo daba vueltas y vueltas. Siquió caminando mientras miraba el césped y de pronto dentro de las plantas vio un extralio resplandor, se agachó y revisando entres ellas, semi enterrada se encontró con una piedra de color rosa de una maravillosa transparencia y brillantez.

En ese momento su papá la llamó y ella escondió su piedra en el bolsillo derecho de su enterito.

El clima familiar no había mejorado mucho para Luly su padre seguía enojado. Jorge era un hombre que no habla mucho pero que por su rectitud y previsión no pueda deja de pensar en el futuro de su hija y por ello se preocupa mucho por su educación

Esta vez tanto la mamá como el papá de Luly se habían equivocado, ya que su distracción no obedecía a falta de interés en ayudar sino todo lo contrario, su pena era no poder hacerle regalos a ellos el día de Navidad.

Ese día terminó demasiado rápidamente para Luly, el día siguiente era Noche Buena y ella no podría poner sus paquetitos en el árbol.

Al levantarse a  la  mañana vió como aumentaba la  agitación en su casa., las tías Rosita y Cristina ya estaban en la cocina, y a la tarde llegarían sus tíos y su abuela. Rosa. El tiempo seguía pasando, llegaron las tías, tíos, primos y todos dejaban paquetitos o bolsitas alrededor del árbol.

A pesar de las risas y las conversaciones Jorge e Inés observaban a Luly que parecía triste. El tiempo se acercaba, llegaba. el momento de abrir los regalos y así luego del brindis y los besos y abrazos.

Luly empezó a recibir sus regalos. Mientras todos reían y festejaban ella se fue despacio caminando a  la cocina. y se quedó sentada. pensando.

La primera en notar su ausencia fue su mamá que se acercó a ella a preguntarle que le pasaba cuando Jorge entró en la cocina y las vió. Entonces se acercó a Luly y preocupado preguntó ¿qué te pasa Luly? ¿No te gustan los regalos? ...Entonces Luly los miró con sus ojos llenos de lágrimas y les dijo: yo no pude regalarles nada, decía esto mientras apretaba algo entre sus manos.

De pronto su papá te dijo ¿qué tienes en tus manos? Y Luly abriéndolas mostró su piedra. Rosa. ¡Qué hermosa! Exclamo su mamá y su papá se acercó más para poder observarla mejor. Fue en ese momento cuando los  tres se vieron reflejados en la cristalina piedra rosa.

A Inés se le caían las lágrimas de emoción y entonces abrazándose los tres mientras se miraban en la piedra le dijo: ¡Mira Luly, los tres juntos!, entonces continuó, no existe regalo más grande que puedas comprar que el amor que nos das. Estar juntos y unidos así es un regalo que perdura y no se acaba con el transcurso del tiempo. Su papá que estaba visiblemente emocionado dijo: iTe queremos mucho Luly! Guarda bien esa piedra, es el símbolo de nuestra unión, de nuestra familia.

Entonces tomados de la mano regresaron a la mesa. En esta ocasión con el nacimiento de Jesús se festejarían también la bendición de Dios a través de la felicidad por la unión del hogar.

                                                  Saya  Maabar


 

El pollito negro

Era una tarde pesada y húmeda de verano, en el silencio de la tarde apenas se escuchaba el movimiento rápido de un cuis deslizándose entre el pasto y las ramitas secas caídas de los árboles.

Los pájaros ahogaban sus trinos y el viento casi no soplaba.

El candente sol obligaba a la gente a refugiarse en la siesta de la tarde dentro de sus casas.

En el jardín el niño jugaba solo un juego imaginario, que sólo se notaba por sus movimientos y sus grandes ojos dirigidos a la rama que sostenía su mano derecha.

Con su carita redonda, su pequeña nariz y una boquita carnosa, con sus escasos cinco años, era tan callado y con una mirada tan dulce y soñadora que inspiraba una sonrisa.

En la casa de enfrente un parroquiano y su esposa pasaban su vejez criando gallinas gordas y también pigmeas. Una de color negra, era la preferida de Ale, como yo lo llamaba.

Muchas veces pasaba horas buscando granos de maíz silenciosamente para dárselos a las gallinas y una porción especial a su mascota negra.

Con ese cuidado silencioso y esmerado se estableció una comunicación muy especial entre ellos. Todas las tardes Don Álvarez y Doña Carmen recibían nuestra visita y Ale desaparecía, luego de saludar, corriendo hacia el gallinero.

Las vacaciones en el campo eran sumamente aburridas, sobre todo, para mí que soñaba con la actividad de la Capital, donde vivíamos. Sin embargo, tenía un encanto especial para mi hermano, quien parecía disfrutar de tanto silencio para pensar.

El era tan callado que parecía vivir en un mundo propio. En la casa de Buenos Aires también tenía un sitio mágico y propio; al fondo de la casa antigua el patio techado de glicinas blancas y lilas, rodeado de madreselvas y jazmines había un banco alargado, muy parecido al que se ven en las plazas. Ese banco hacía de colectivo, de tren, de casa, de salón de lectura en las tardes tibias y se cubría de flores en los días lluviosos.  Ahí Ale jugaba y también soñaba…

Esa tarde en el gallinero las cosas no se encontraban iguales. Ale vio como una gallina pigmea caminaba seguida de varios pollitos de distintos plumajes y fue allí donde notó que entre ellos había uno muy chiquitito y negro como su mamá.

Vino a llamarme alegre y muy agitado, nos dirigimos al gallinero -¡Mira! Gritaba son hermosos y ¡Mira el negrito! Que chiquito, repetía mientras se ponía en cuclillas para verlos mejor.

A partir de esa tarde, todos los días era camino obligado cruzar el camino y llegar a la casa de Don Álvarez para ver los pollitos especialmente “el negrito” como Ale lo llamaba.

Los días fueron pasando hasta que una tarde, mientras Doña Carmen, hacía tortas fritas, vi venir a Ale con lágrimas en los ojos. Me apresuré a alcanzarlo y preguntarle que le pasaba y me tomó de las manos, fuimos hasta el patio y vi – con sorpresa- al pollito negro tieso e inmóvil en el pasto.

Mi hermano, en ese momento, aferrado a mí, lloraba abierta y desconsoladamente. Su “negrito” había muerto, yo trataba de calmarlo, sabía de su profundo cariño hacia él y hacia todos los animalitos, por eso era inútil.

De pronto, ante sus sollozos, aparecieron Don Álvarez y Doña Carmen…

Los niños tienen sentimientos puros y un lenguaje sencillo y franco. Sus corazones, aunque chiquitos, son mucho más grandes y sinceros que los de los adultos y por eso más fáciles de romper.

Se escucharon las palabras de Don Álvarez, como un rayo en una tormenta: ¿qué le hiciste? ¡Lo mataste!

Los ojos del niño se volvieron más tristes y en la profundidad de su mirada podía notarse su impotencia. Balbuceaba: ¡yo no fui! ¡Yo, no hice nada! ¡Lo encontré, así!  y muchas palabras y frases más que no fueron escuchadas.

Mi hermano estaba desconsolado y su llanto aumentaba. Ante mi incredulidad, intercedí: ¡Basta! Conozco a mi hermano y él no miente. Usted sabe que los pollitos suelen morir de esta forma cuando son recién nacidos y que…

Sin embargo, el daño ya estaba hecho, Ale desde esa época hasta hoy, siempre se caracterizó por su sinceridad. Pero las dudas de Don Álvarez lo marcaron para siempre.

Se acabaron las tardes de paseo en el gallinero, aprendió algo que hasta el momento no sabía: que la verdad no alcanza ante la obstinación y la ligereza para emitir un juicio. Conoció la injusticia y además, que también, puede provenir de alguien querido. Además, aprendió, sobre todo, el dolor de la pérdida de algo amado.

Los años pasaron, él ya es un hombre, pero a veces, cuando lo miro vuelvo a recordar al “pollito negro”. Ya, que como él, mi hermano en el corazón sigue siendo: suave y chiquito. No olvidó al “negrito” ni menos aún, la acusación injusta.

El parece ahora el gallo, el dueño del gallinero pero, por dentro, es el pollito con pelusita negra, tierno e indefenso.

La injusticia marca en una forma indeleble el alma humana, en este caso dio un golpe de muerte a la inocencia y a la confianza de un niño.

En realidad, deberíamos tener lástima y no ira contra las personas que acusan y actúan de esa forma, porque ellos jamás tendrán nada en su corazón para recordar. Que los hagan reír y llorar a la vez.

Ale seguirá herido, pero tiene el corazón repleto de dulzura y además muchas mascotas en su casa, que cuidar.

Sin embargo, yo sé, que, aún sufre…

 

                                                Saya  Maabar

Los mil perritos:

Autor Desconocido.

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.

Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta semi-abierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos mas observándolo tan fijamente como el los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco.

Los 1000 perritos hicieron lo mismo.

Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos.

El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con el!.

Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para si mismo:

Qué lugar tan agradable! Voy a venir mas seguido a visitarlo!"

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto.

Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva.

Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a el.

Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a el.

Cuando este perrito salió del cuarto pensó:

"Que lugar tan horrible es este!

Nunca mas volveré a entrar allí!"

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía:

"La casa de los 1000 espejos".

"Todos los rostros del mundo son espejos"...

 

EL ARBOL PLATEADO

Como miles de destellos de luz se reflejan sobre el césped al mover sus ramas: el árbol plateado.

El foco de luz de mercurio imprime estos destellos al posarse sobre sus hojas humedecidas por la fina llovizna en la oscuridad de la noche, erguido, lleno de vida; se ve al árbol destacándose entre los demás, rodeado de arbustos y flores, en el medio de las veredas internas del lugar.

Parece estirarse para tocar el cielo, mientras una suave brisa lo hace mover en una danza rítmica y misteriosa. Caen sus hojas formando sobre el pasto recién cortado una mullida alfombra luminosa, pareciera que un pedazo de cielo estrellado se hubiera reflejado a sus pies.

El árbol añoso me hace pensar en la vejez; esa dulce etapa de la vida donde el brillo de la sabiduría hace contraste con la cantidad de cosas idas. ¿Cada día que pasa es una hoja que cae y se pierde? ¿Dónde van a parar las hojas muertas? Alguien dirá que se las lleva el viento, otros que se funden nuevamente con la tierra.

¿Dónde van los recuerdos? La vejez con su velo va opacando la belleza, son menos las cosas deseadas y menos las cosas ambicionadas. Pero ¿es el tiempo un enemigo del hombre?, las agujas del reloj humano nunca se detienen pero ¿es más lento el tiempo para los ancianos?

Miro el árbol y lo veo ahora doblegado por el viento, parece acariciar con sus ramas el suelo y luego volver a levantarse victorioso. Parece no tener intención de rendirse.

Las preguntas me abruman, me siento vieja y cansada. Mis manos nudosas acariciaron muchos rostros, que nunca me miraron; mi vista cansada suplicó muchas veces sin tener respuesta, mis labios enmudecieron de tanto hablar, sin ser escuchada. Pero mi alma sonríe.

Miro por la ventana nuevamente, está amaneciendo. El viejo árbol sigue allí, los pájaros se acurrucan en sus ramas, el sol hace estallar un verde oscuro en sus hojas; su tronco marrón descascarado parece más fuerte esta mañana.

Me detengo a mirarlo detenidamente. En la base del tronco se ve un retoño verde claro abriéndose camino desde las raíces.

El milagro de la vida comienza de nuevo su ciclo.

Ahora, comprendo. Yo soy como el árbol plateado, que cuando viejo parecía perder sus hojas y sólo las dejaba caer para alimentar la tierra, que iba a hacer surgir el retoño. Yo, que como el árbol vivo la soledad de mis recuerdos, también comienzo a vivir nuevamente en todos aquellos que lean los libros que escribí y que aún no fueron leídos.

Las hojas del árbol plateado son alimento para la tierra, mis vivencias serán alimento para aquellos que me seguirán en el camino de la vida.

Saya Maabar

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