Narrativa

Mi sombra
 

Mi sombra Caminaba segura, firme casi pegada a mí, como mi sombra. Siempre a mi lado sin despegarse jamás. A todos lados y donde fuera con sus garras prontas para atacar, silenciosa y ágil como un felino se deslizaba tras de mí. En los lugares más repletos de gente, se ocultaba pero no me dejaba jamás. No recuerdo un momento en que no estuvo conmigo. Cuando cumplí mis quince años, en la fiesta que nunca tuve; cuando recibí mi título universitario, mientras abrazaba a mi hermano y se deslizaba una lágrima por mi mejilla. Cuando lograba mis éxitos profesionales, al lado de cada uno de los reconocimientos, ella se recostaba junto a los premios. En las Fiestas de Fin de año cuando todo era alegría, ella estaba al lado mío en la mesa tendida cerca del Árbol de Navidad. Cada vez que conocía al hombre que pretendía ser el descubrimiento del amor, ella se acercaba con su elasticidad acostumbraba y después de la cita se volvía conmigo a casa. No siempre se quedaba inmóvil mas de una vez me atacó con sus dientes y sus garras hasta hacerme sangrar. Muchas veces quise que desapareciera y hasta creí que se había ido en algunas oportunidades, pero pronto la ilusión desaparecía y regresaba más fuerte y más segura. Yo intentaba todo para que no me atacara pero a medida que pasaba el tiempo, parecía ensañarse más y más conmigo. Sus dientes y garras rasgaban mi piel, sangraba más y más. También pedí ayuda, primero tímidamente luego a gritos, la gente que me rodeó y me rodea no se da cuenta y ella vuelve irónica, triunfante y vuelve a instalarse en mi vida. De pronto no me ataca, no me sigue, entonces empiezo a preguntarme cual es la razón y no la encuentro. Descanso y espero verla aparecer de nuevo pero no lo hace. Pasa el tiempo y descanso por fin siento la felicidad de su ausencia, la felicidad y el amor. Pero un día de pronto aparece de repente, yo ya me había desacostumbrado a su presencia, me asusta, la miro a sus ojos que brillan ante el inminente ataque, pero ya no tengo fuerzas, ni siquiera retrocedo…me dejo caer en una silla resignada al ataque casi diría: deseándolo. Ella mide, observa se detiene y yo espero su avance, se acerca lentamente y yo casi a gritos le pido que esta vez no me desangre. Sí, le pido que esta vez me quite la vida de una vez por todas. Como si me escuchara salta sobre mí y clava sus dientes y desgarra mi corazón; la sangre como un manantial va saliendo no ya de mi cuerpo sino de mi alma, esta vez la miro agradecida. Siento como la vida se me va yendo y le sonrío con gratitud, observo mi sangre como se desliza sobre el piso y va acercándose a una foto, la foto del hombre que por un tiempo impidió que ella volviera, ahora él ya no está y el amor se fue con su imagen y su dulce presencia; ya no está para aferrarme a su cuerpo, ni para apoyarme en su hombro, sus manos ya no me acarician; no está; por eso con mi último aliento doy vuelta la cabeza y la miro con dulzura y con mis últimas fuerzas le hablo y le digo ¡Gracias! Mientras la vida se extingue en mi cuerpo, mi compañera….la soledad se aleja sigilosamente, ya cumplió su misión. Saya Maabar

 

UN NOCHE DE EXTASIS

Como un estallido de luz, explotan los colores: azules, rojos flamígeros, verdes iridiscentes, amarillos radiantes danzan al compás de la música.

La gente, a su vez, se mueve como las olas del mar, siguiendo el ritmo de la melodía estridente y, a la vez, armónica; fruto de la fuerza de la juventud.

La guitarra rasga con su sonido metálico el ambiente, mientras el bajo y la batería siguen el compás.

El cantante agita su abundante cabellera mientras reluce en su oreja un aro de strass. La calidez del ambiente aumenta, dentro de la vorágine una imagen: Denisse. Una esbelta figura de pelo rubio muy corto, grandes ojos, ropa negra y boca roja.

Aplaude y grita, se alegra y se emociona. Mira embelesada el grupo, dentro de él está su hermano, en ese grupo humano está depositado su más grande deseo. El triunfo de ellos es su triunfo.

Aplaude y observa, mira al público, sus reacciones.

Por dentro dice: ¡así! ¡Más fuerte! ¡Bien!.Su cuerpo parece desdoblarse en el clímax del recital, se eleva en un estallido de alegría plena, no existen las penas, todo es pletórico de vida, luz y alegría.

Los músicos siguen, la noche es esplendorosa, se acerca más al escenario, pareciera como que quisiera fundirse con la música y alejarse con sus vibraciones hacia otros lugares donde sólo el sonido llega.

La agitación la hace más hermosa, sus ojos pintados de negro brillan en la oscuridad. No pasa desapercibida, la observan de vez en cuando con curiosidad, ¿Quién es la enigmática mujer de más edad que la mayoría? ¿Qué sentimientos la animan? ¿Qué hace ahí? ¿Quién es?-

Es, simplemente, la hermana del guitarrista, la amiga de los otros integrantes del conjunto, una más en la multitud, una figura recortada por rayos multicolores en la oscuridad.

El recital llega a su fin: ¡bis! ¡Otra!, más música y llegan los aplausos, silbidos, más aplausos. El saludo final, los agradecimientos. Luego, arreglar los cables, cargar los equipos… ¿Dónde está Denisse?

Un beso a su hermano, como una sùplica, ¡quereme!, besos y saludos a los otros chicos.

Gente retirándose del lugar, luces que se apagan y luego los integrantes del grupo que se retiran en una camioneta, ¡Hasta luego, hermano!

Con el último beso del cantante la pregunta: ¿Cómo vas a volver a tu casa?

  • No te preocupes, andà, te están llamando…

El gesto dubitativo y angustiado, la sonrisa tristona y luego un ¡Chau! , con la mano. Denisse los observa irse, se arregla el cuello del tapado negro y comienza a caminar por la soledad de la noche. No sabe a dónde va y no quiere ir a su casa vacía.

Respira profundamente el aire fresco de la madrugada y camina.

  • Perdona, si no te molesta, ¿querrías tomar un café?

La mirada de Denisse a ese desconocido, entre brillante y húmeda, lo mira y le dice

- ¡está bien!

Mientras, piensa ¿y porqué no? Está sola y tiene tantas ganas de hablar…

Saya Maabar

Paleta de sentimientos

Porque desee vivir así y así lo hice, subí montañas y soporté tempestades.

El continuo vaivén del tiempo no vulneró la solidez de mis ideales aún cuando inmovilizó mi corazón.

En la paleta de colores de los sueños, pinté con tornasolados los sinsabores porque sabía que no podría impedir ver en ellos tanta luz de tos colores vivos, ya que siempre negarla los grises.

Sabia que verla aún dorados en los momentos más oscuros de mi vida. Que también verla los rojos de la seducción y la agresividad, ahuyentado los momentos de paz. y los tonos pastel dulcificando los minutos y horas de terror y soledad.

Los sentimientos pujaron siempre por salir pero nunca fueron hacia alguien en especial, se difuminaron hacia todos y cada uno de los que me rodearon, aun sin darme cuenta de ello.

Cometí muchos errores pero el peor fue no errar. Si hubiese sido mi error notorio, tal vez, alguien me hubiese enseñado a llorar: fuerte y desconsoladamente. Pero no fue así.

Ante el extremo dolor levanté mi espada y aún con tas manos ensangrentadas no dejé que resbalara su empuñadura.

Grité y Grité!, pero recordé antes cegar mi voz para así asegurarme que ningún sonido fuera escuchado.

Caminé sin sentido y con sentido, pero siempre o hice hacia el mismo lugar I hacia adelante.

Jamás me detuve, aún cuando sangraban mis pies, de haber caminado tanto.

Fui muy herida, sufrí la soledad en sus más diversas formas, porque, no hay una sola forma como se suele creer .

Viví la soledad en compañía de la indiferencia, de la falsedad y junto a las falsas promesas.

Luego caminé con la soledad elegida, fría y paralizante hasta que dominé al temor .

El temor, palabra que no podría definir sin la ayuda de un Diccionario, ya que como sentimiento o sensación nunca lo  experimenté realmente y si así no fuera, porque me fallara la memoria, debí ahogarlo en cuanto sentí su presencia.

Viví la pobreza pero nunca la del alma. Solo la que se siente: la garra del hambre apretándote las entrañas, saber apreciar el suave aroma del pan recién hecho por no haberlo podido comer, tantas veces.

Tuve muchas cosas, pero no pude conservar ninguna. No sé si realmente me mudé tantas veces o solo seguí tratando de escapar .

Ahora pienso, que en realidad: sólo estaba buscando mi camino...

                                                                                               Saya Maabar

 

 

               

UN CUENTO DEDICADO A LOS ADOLESCENTES.

EN EL DÍA DE LA MADRE: UN CUENTO PARA PENSAR...

Lucero del alba

Recuerdo cuando era muy chico y miraba por la ventana las estrellas, mientras mi madre me iba señalando, una a una, y diciéndome el nombre de ellas.

Era niño y con mis pocos años, tus palabras eran como el dulce sonido que me daba ternura y calor. No entendía aún el valor de esas charlas.

Hoy son un adolescente y dejé de escucharte, mis amigos reemplazaron  mi tiempo contigo. 

Sin darme cuenta me olvidé de oler el perfume de tus cabellos cuando me besabas al acostarme. Ya no camino de tu mano o de tu brazo mirando vidrieras y respondiendo a tus preguntas sobre las cosas que vemos, para que luego vos vayas a comprármelas a escondidas.

Me gustaba cuando hablabas de mi futuro y ahora hace mucho que no le presto atención a tu ilusión y, menos aún, a tu tristeza.

Han pasado algunos años, nada más, y mi vida ¡ha cambiado tanto!

Mis amigos, ya son menos, muchos se han puesto de novios y no nos reunimos tan seguido como antes. Mis nuevos amigos, no me hacen olvidar los proyectos que quedaron en el olvido con mis anteriores compinches de aventuras.

Mi moto, el motivo por el cual siempre te enojabas, parece ya no servirme para poder ver todo el mundo, como antes creía.

No hablo, y vos respetás mi silencio. Ya no compartimos, con risas, tus errores o los míos. 

Paso tanto tiempo afuera que cuando llego a casa ni siquiera me acuerdo de ver si estás dormida.

¿Cómo fue que llegué a esta situación?

Extraño tus retos, porque significaban que te importaba. El no escucharlos ahora me produce un vacío que no puedo describir.  ¿Cuándo dejaste de ser mi horizonte? ¿Cuándo mi familia, comenzó a ser un grupo de extraños?

Te  quiero sentir como antes y no me animo a ser el que  fui. 

Para todos creí ser grande para tus brazos, y tal vez lo sea, pero ahora me doy cuenta que mis amigos no remplazan a mi familia.

Quisiera volver a mirar las estrellas contigo, pero aunque miro en las noches el cielo pareciera como que vos ya no estás en ellas…

He estado en el silencio tanto tiempo mamá que ya no sé como hablar contigo.  Me gustaría poder dar vuelta en el tiempo y ser el adolescente de hoy con tus abrazos y calor, que permitía que me dieras, cuando niño.

Hoy ansío tus pellizcos, tus besos y tus palabras y estoy tratando de encontrar la forma de volver a vos.

Entro a casa te miro, vos estás en la cocina, esta vez te escucho de verdad, no solamente digo algún monosílabo y sigo a mi habitación:

-          ¡Hola, hijo!  ¿Como estás?

-          ¡Bien!,  ¿Y vos mamá?

-          Bien, querido. Te hago la merienda, ¿querés leche con chocolate?

-          Lo que quieras…

Se da vuelta y como siempre se pone a prepararme esa tazona de leche, como ella dice: “para que no me descalcifique”

Me dice:

-          Hace mucho que no tomabas la leche en casa…

-          Sí, bueno…

Realmente no sé que contestar. Tal vez tengo miedo a los reproches que sé que ella podría hacerme, pero no los hace.

Entonces me dice:

-          ¿Estás bien? ¿te pasa algo?

-          No, le respondo rápidamente.

No sé como restablecer nuestros diálogos anteriores, nuestras charlas entre galletitas y carcajadas. Entonces digo:

-          ¿Sabés Mamá?

-          ¿Qué?

-          Anoche estuve mirando las estrellas, como cuando las mirábamos  juntos antes de dormirme…

-          Sí, ayer las estrellas brillaban en una forma muy especial

-          Sin embargo,  a mi me pareció que no brillaban como cuando estabas vos conmigo en el dormitorio.

-          ¿Por qué?

-          Porque antes era como si te viera al mirar a las estrellas y ayer me pareció que no estabas…

-          Pero ¡sí estaba!

-          Me pareció que no

-          Para no molestarte, estaba pero no me viste…

-          ¿Por qué?

-          Porque para poder velar tus sueños y cuidar tus pasos como siempre lo he hecho, me convertí en “tu” lucero del alba.

Me quedé callado mirando su rostro y me di cuenta que nunca me había abandonado.

Quería hablar tantas cosas y ahora no me salía palabra alguna.

Miré por la ventana la noche había llegado con un manto oscuro sin luces y dije:

-          No hay estrellas mamá

Ella se acercó me abrazó fuerte y me dijo:

-          no lo ves, pero siempre están y cuando duermas también, como todos los días de tu vida, estará tu lucero del alba.

En ese momento me di cuenta de que todo volvía a su antiguo lugar ante mis ojos, porque en la realidad de mis tiempos, mi madre seguía a mi lado, nunca me había abandonado y nunca lo haría.

Han pasado muchos años, ella ha envejecido, yo he formado una familia y algún día mi madre no estará conmigo, pero ahora sé, que ella nunca me dejará de acompañar,  y que bastará mirar el cielo para saber que desde  el lucero del alba mi madre me pregunta: ¿querido, cómo estás?

                                                        Saya Maabar

 

 

Dedicado a todos aquellos que vinieron a nuestra tierra en busca de una esperanza....


 

La señora Kathia

           Hacía tiempo ya que buscaba un departamento, no eran muchas sus pretensiones y tampoco lo era su dinero. A decir verdad, esa mañana con pocas ganas tomó el Diario y ojeó los clasificados; de pronto se sorprendió, un aviso destacado ofrecía una casa: “Casa de cinco habitaciones y dos baños, con dependencias de servicio $100 y algún requisito a cumplimentar”. Primero le pareció una broma, pero luego tomó su cartera y salió; en su mente pasaban los otros avisos “$350 por mes, un ambiente, con Te. Luminoso”, etc. No, no podía ser.

Llegó al fin, la casa era hermosa, con el frente totalmente de mármol y se encontraba en Belgrano. Con cierta indecisión abrió la verja de hierro forjado y tocó el timbre. Un hombre muy atento la hizo pasar, por dentro la casa estaba totalmente amoblada en estilo señorial y muy cuidada. Las arañas de alabastro y cristal de roca, semejaban una catarata de diamantes. No podía creerlo, el vendedor seguía hablando, no era una broma, realmente se alquilaba por cien pesos. Lo extraño era que no había otras personas interesadas, entonces recordó los requisitos.

En el momento en que iba a preguntar, de una puerta que parecía venir de un sótano apareció una viejecita encorvada de cabellos canos, al verla el vendedor se apresuró a presentarla y dijo: ¡Ah! Le presento a la Sra. Kathia, le dijo algo en su idioma que no entendió y se retiró. A Denisse le pareció haber notado una cortada sonrisa en el rostro de la anciana.

El vendedor se apresuró a decir: hablando de la señora Kathia, dentro de los requisitos para el alquiler de esta propiedad se encuentra que…Denisse lo miraba expectante…bueno, dijo el vendedor –evidentemente nervioso- que la señora Kathia siga viviendo aquí; en realidad –se apresuró a decir- no molesta, vive en el sótano y…Denisse lo detuvo: ¿y porqué en el sótano?. Para no molestar. Hay muchas habitaciones podría ocupar alguna. Denisse de pronto, se dio cuenta que estaba hablando como si fuera la propietaria entonces miró directamente al vendedor a los ojos y le dijo: la alquilo. (la señora Kathia que estaba escuchando sonrió complacida).

El vendedor dispuso los papeles, todo ya estaba preparado, fue a la Escribanía, y a la nochecita Denisse estrenaba su casa.

Cuando abrió la puerta pensó que parecía irreal que ella viviera allí. La casa le parecía un sueño, pero mucho la intrigaba el porqué la Sra. Kathia estaba incluida, como un objeto en la casa, y más aún que viviera en el sótano.

El tiempo fue pasando la Sra. Kathia seguía hablando su idioma pero Denisse aprendió a entenderla por el gesto de sus manos, sus ojos, su sonrisa y hasta llegó a hablar algunas palabras en polaco.

La viejecita era dulce, pasaba muchas horas en el sótano y a la noche la escuchaba orar antes de irse a dormir, ya que ahora lo hacía en la habitación continua de ella.

Denisse sentía una inmensa curiosidad por saber que había en ese sótano y en la habitación pero reprimía sus impulsos y así lo hizo durante casi dos años. Ella se había acostumbrado a respetar a esa mujer callada y taciturna que vivía como una sombra en su casa. Es más, había encontrado en ella la abuela que ya no tenía. Un gran cariño se apoderó de ella hacia esa enigmática mujer.

Un día gris plomizo sonó el timbre el vendedor. Cuando pasó al salón, luego de sentarse, le dijo con el rostro muy serio: le vengo a comunicar que la Sra. Hanneman, es decir, la propietaria ha decidido no renovarle el contrato debido a que necesita la casa para una sobrina. Denisse sintió, por un momento, que se desplomaba. ¿Se siente bien?, le dijo el vendedor con un ademán de levantarse del sillón, sí, si…lo tranquilizó ella. La señora Kathia atisbaba desde la puerta entreabierta las expresiones de Denisse ¿cuándo debo irme?, el contrato vence en un mes, pero tiene algunos días más, si los necesita me lo comunica; saludó y se fue.

Denisse se dejó caer en el sillón con sus manos agarrándose la cabeza ¿dónde iría?. La señora Kathia despaciosamente se fue acercando a ella y sin que se diera cuenta le tomó las manos, Denisse sobresaltada dijo, tratando de cambiar la expresión; no se preocupe ya encontraremos donde ir..¡Ay!. no sé si me entiende…

No se preocupe, no volverá al sótano…Denisse hablaba con voz alta y haciendo gran cantidad de gestos, como hubiera deseado que la señora Kathia la entendiera.

De pronto levantando una mano como pidiendo silencio la señora Kathia habló: Denisse, dijo con voz entrecortada. ¿Me entiende? Gritó Denisse; si, te entiendo y hablo tu idioma; pero ¿por qué durante tanto tiempo nunca me lo comentó?

Denisse yo vine de Polonia huyendo de la Guerra, no traje nada conmigo, dinero sí, pero de  valor sólo mi sobrina. Durante todo este tiempo me pasé buscándola. Fingí por temores pasados de ser descubierta; ¿pero como vive acá?¿, ¿por qué?: preguntó Denisse. Yo soy la propietaria, la Sra. Hanneman. ¿Usted?, y ¿porqué lo negó?, o mejor dicho ¿por qué ideó todo esto?, No entiendo. Buscaba a mi sobrina y la encontré, tú eres Natasha, mi sobrina. No siento decírselo, yo no soy Natasha. Sí tu serás mi Natasha. Pero ella…ya no necesito mentirme más, ella murió en el campo de concentración. Yo traje ese recuerdo pero me gustaba la idea de que vino conmigo  y se perdió, eso me permitía la fantasía de seguir buscándola desde mi mundo, mi sótano, ¿entiendes?

La señora Kathia tomó a Denisse de la mano y la llevo a conocer su sótano. El lugar era impecable, una cama, una mesa y dos sillas, dos platos, dos juegos de cubiertos, dos copas. Un candelabro y una foto de una hermosa adolescente de cara rosada con largas trenzas. Denisse miraba todo, hasta que detuvo sus ojos en la foto. Entonces la señora Kathia dijo con voz pausada y dolida: esa era Natasha.

Denisse siguió contemplando la foto, de pronto la señora Kathia le hizo una seña y ésta entendió, subieron la escalera y cerraron la puerta con llave depositándola en un jarrón de la mesita que se encontraba al lado.

¿Qué te parece si tomamos el té Natasha?, preguntó. Denisse la miró con una dulce comprensión.

La señora Kathia dijo: mejor te llamaré Denisse, ya es hora que Natasha pueda descansar.

Denisse asintió con la cabeza y abrazadas se dirigieron hacia el comedor.

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