La mano inmóvil

Julia vivía en un mundo de luces y sombras al que amaba. Deseaba muchas cosas, sí, pero no para sí, sino para los demás.

Su casa era su mundo, su techo: la aprobación, sus ventanas: el agradecimiento de la gente, su puerta: su generosidad y sólo su jardín era un poco suyo. Lo constituía la espera desinteresada y su confianza hacia el prójimo.

Julia no conocía realmente nada de sí misma mas que lo que debía realizar para ayudar a los demás.

Sabía que existía su jardín pero siempre posponía su visita. No sabía si tenía flores o estaba vacío. Cuando pensaba en ocuparse de él siempre alguien la necesitaba y posponía la visita.

Julia podía definirse más que como una persona, como una mano…

Nadie se tomaba el trabajo de mirarla, bastaba con ver si en su mano extendida estaba lo que le habían pedido. Y siempre era así, ella cumplía…

Con el paso del tiempo Julia se fue convirtientdo cada día más en sólo eso: una mano.

Mientras tanto, sin que ella se diera cuenta, su jardín se iba convirtiendo en un terreno vació y desierto. Su única posesión personal se iba destruyendo lentamente y así también su espera. Y así, sin siquiera percatarse se fueron yendo los pájaros, que ella nunca había visto, es decir también se quedó sin esperanza.

Ella en su continuo trajín seguía dando aún más allá de sus fuerzas.

Su mano había tomado, casi podía decirse, vida propia. Así ella seguía dando mientras Julia se iba esfumando como su jardín; pero no se daba cuenta. Confiada en la existencia de su único refugio, su jardín, seguía entregándose más y más.

Una mañana Julia comenzó a sentirse mal entonces decidió acordarse de su jardín y fue a visitarlo. Cuando llegó se dio cuenta que su única posesión había desaparecido y con él su consuelo: su esperanza.

La pena y el dolor que la embargaron eran indescriptibles y se acentuó cuando se dio cuenta que no habían sido sus obligaciones la causa de su pérdida. El jardín había sido saqueado, lo que mas la hería era que las únicas personas que podían haberlo hecho, eran aquellos que recibían de sus manos su ayuda. Ya que sólo ellos llegaban a su casa.

El impacto fue tan grande que la fuerza de Julia fue disminuyendo, a pesar de sus vanos intentos de reponerse.

De pronto los que venían a buscar ayuda se encontraron sin Julia, sólo con una mano, pero esta vez inmóvil y vacía.

La gente no podía entender lo que sucedía pero tampoco intentaron averiguarlo. Volvieron varias veces pero la mano seguía vacía. Nadie preguntó por Julia, nadie trató de ayudarla. Con el tiempo se olvidaron de ella y se fueron en busca de otra mano pródiga.

No se supo nada más de Julia, los pocos que intentaron verla se encontraron sólo con su mano inmóvil y se fueron sin siquiera preguntar.

Julia se quedó en el terreno vacío que fue su jardín. Con los ojos puestos en el cielo esperando que algún pájaro volviera y le devolviera la esperanza que había perdido. Observaba la tierra seca para ver aparecer una gramilla, aunque más no fuera y con el deseo de ver una flor.

Algunos cuentan que al pasar el tiempo volvió a crecer su verde jardín y también que regresaron los pájaros multicolores pero también dicen que a Julia no se la volvió a ver. Otros dicen que Julia se convirtió en pájaro y que se fue con ellos, otros dicen que se fundió en la tierra durante la espera y que está ahí, solamente esperando que alguien venga a preguntarle si necesita algo. Otros dicen que mirar su mano inmóvil la mato.

Todo puede ser posible, pero lo único que es real es que Julia ya no está, que se fue esfumando como su jardín y que entre las flores, que renacieron en él, a ella ni a su mano se las puede ver.

El tiempo dará una respuesta o tal vez, en honor a Julia, el tiempo también callará.

Saya Maabar

PERCEPCIONES II

 

EL ARBOL PLATEADO

 

 

Como miles de destellos de luz se reflejan sobre el césped al mover sus ramas: el árbol plateado.

El foco de luz de mercurio imprime estos destellos al posarse sobre sus hojas humedecidas por la fina llovizna en la oscuridad de la noche, erguido, lleno de vida; se ve al árbol destacándose entre los demás, rodeado de arbustos y flores, en el medio de las veredas internas del lugar.

Parece estirarse para tocar el cielo, mientras una suave brisa lo hace mover en una danza rítmica y misteriosa. Caen sus hojas formando sobre el pasto recién cortado una mullida alfombra luminosa, pareciera que un pedazo de cielo estrellado se hubiera reflejado a sus pies.

El árbol añoso me hace pensar en la vejez; esa dulce etapa de la vida donde el brillo de la sabiduría hace contraste con la cantidad de cosas idas. ¿Cada día que pasa es una hoja que cae y se pierde? ¿Dónde van a parar las hojas muertas? Alguien dirá que se las lleva el viento, otros que se funden nuevamente con la tierra.

¿Dónde van los recuerdos? La vejez con su velo va opacando la belleza, son menos las cosas deseadas y menos las cosas ambicionadas. Pero ¿es el tiempo un enemigo del hombre?, las agujas del reloj humano nunca se detienen pero ¿es más lento el tiempo para los ancianos?

Miro el árbol y lo veo ahora doblegado por el viento, parece acariciar con sus ramas el suelo y luego volver a levantarse victorioso. Parece no tener intención de rendirse.

Las preguntas me abruman, me siento vieja y cansada. Mis manos nudosas acariciaron muchos rostros, que nunca me miraron; mi vista cansada suplicó muchas veces sin tener respuesta, mis labios enmudecieron de tanto hablar, sin ser escuchada. Pero mi alma sonríe.

Miro por la ventana nuevamente, está amaneciendo. El viejo árbol sigue allí, los pájaros se acurrucan en sus ramas, el sol hace estallar un verde oscuro en sus hojas; su tronco marrón descascarado parece más fuerte esta mañana.

Me detengo a mirarlo detenidamente. En la base del tronco se ve un retoño verde claro abriéndose camino desde las raíces.

El milagro de la vida comienza de nuevo su ciclo.

Ahora, comprendo. Yo soy como el árbol plateado, que cuando viejo parecía perder sus hojas y sólo las dejaba caer para alimentar la tierra, que iba a hacer surgir el retoño. Yo, que como el árbol vivo la soledad de mis recuerdos, también comienzo a vivir nuevamente en todos aquellos que lean los libros que escribí y que aún no fueron leídos.

Las hojas del árbol plateado son alimento para la tierra, mis vivencias serán alimento para aquellos que me seguirán en el camino de la vida.

Saya Maabar

 

 

Cobardía

 

eres esa piel sin cuerpo,

Ese cuerpo sin alma…

Tu nombre es Cobardía,

Aunque a algunos los convences de que te llamen Coraje…

Tu ropa cara no llega a tapar

Tu suciedad profunda.

Tu sonrisa se asemeja a las máscaras venecianas.

Cuando ríes, haces un esfuerzo enorme,

Ya que a tu alegría, la vendiste por monedas.

Tienes casa pero, nunca, tendrás un hogar

Tienes gente alrededor pero jamás tendrás amigos.

Tus escasas virtudes se extraviaron entre las ilusiones de los demás y

La realidad de tu libertinaje.

No eres hombre, no eres niño y no llegas a ser un animal.

Porque los animales te superan en todo lo que a ti te falta.

Escoria de la humanidad,

Pero mezclada con ella,

Eres un peligro constante de contagio,

Como manzana podrida en el tonel,

Eres la podredumbre de los que comparten tu lugar.

¡Pobre alma descarriada!

Te olvidaste tantas veces de Dios que,

Cuando tu vida termine e implores por El.

Aún en su infinita bondad, no podrá escucharte.

Ya que tu voz se habrá callado y

Los latidos de tu corazón ya no se sentirán.

Solo tu alma podría hacer que te escuche y

A ella la perdiste hace tanto tiempo, que

El silencio te aterrará.

El vacío te envolverá y sólo si algún ángel se da cuenta de tu presencia,

Tal vez, y sólo, tal vez,

Ante él podrás llorar…

 

Saya Maabar

Luna y veneno

 

Como la luna ilumina tu vida y

Hace que no puedas dejar de mirarla.

Te hipnotiza, te hace sentir nada sin ella.

Su sonrisa te hace experimentar el amor de verdad

Tus ojos te ciegan y hacen que veas sólo lo que ella ve.

Su cuerpo te envuelve y te atrapa

Su piel como el satín te da el calor y la pasión que nunca soñaste

Sus palabras te elevan a la cima de la montaña o

Te hacen caer al precipicio.

No hay principio ni fin estando con ella,

Cuando está contigo crees que podes tocar las estrellas con las manos

Su presencia crea un mundo,

Donde solo tú eres el rey.

No hay nada que no puedas tener

Si ella está contigo.

Es como la luna aunque no la vez en el día

Ella está.

Pero no quieras poseerla porque

Ella es de aquí y de allá

No existe en un solo lugar

No pertenece a nadie,

Su amor hoy está y mañana ya no.

Su destino es iluminar y después partir

No te engañes, no reconoce fronteras.

Amarla es confundirse en una nebulosa,

Estar en el ojo de la tormenta,

En un barco a la deriva.

Ella es luna y también veneno.

Veneno dulce que te aletarga y te mata

No es su intención, pero tampoco lo puede evitar

Es dulce día y noche tormentosa

Es franca como hiriente sus palabras

Es la ternura y la herida del látigo

Es el mar que te seduce y los riscos que te hieren.

Posee el amor y la dicha

Pero no olvides, ella es también la soledad y la pérdida.

Si te enamoras de ella,

Nunca olvides que ella es:

Luna y veneno…

 

Saya Maabar

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