PERCEPCIONES III

 

Ha caído el Imperio de la Hipocresía…


Por fin las nubes humo y polvo anuncian su caída.

Camino entre restos humanos, empapo mis pies con sangre de seres como yo, pero con formas de vida diferente, a costa de la vida de los otros.

No fue fácil organizar el ataque. Hace muchos años y varias generaciones que trataban de derrocar este régimen de; mascaras y falsas sonrisas.

El objetivo, ver otra vez, la antigua pero verdadera luz de una verdad no disfrazada.

Los combates se libraron en lugares muy difíciles e inaccesibles.

Porque para poder matar la hipocresía, era necesario atacarla primero en nosotros mismos. Dejar de lado nuestras falsas imágenes, dejar las mentiras y solo manejarse con la Verdad. Estar serio cuando no hay motivo para la risa y decir “no”, aunque decir “si” fuera más favorable a los intereses de cada uno de nosotros.

Las noticias van llegando. Ya han caído varios bastiones: los corruptos han confesado sus pecados y también se ha recuperado lo que han robado.

Eso ha sucedido en más lugares de los previstos.

Los informes son cada vez más halagüeños. Muchas personas han reconocido que: sí, son discrimintarorias y que no soportan a los que no son iguales por razones de incapacidad mental o física. A su vez, los discapacitados han proclamado que ellos tampoco pueden soportar que las otras personas estén sanas ellas, no. Es un principio…

Las murallas más difíciles de hacer caer son la de los grupos de personas que se han equivocado en sus apreciaciones y todavía se niegan a aceptarlo.

Los ríos están rojos por la sangre de los corazones de aquellos que se niegan a admitir que por su egoísmo prefieren rechazar el amor.

La gula se ha rendido con honor, luego de una difícil y cruenta lucha ante el hambre. Ya la lujuria ha confesado como y cuando ha utilizado el poder de la “piel y del sexo” para tomar posiciones claves en el gobierno social.

La miseria por medio de sus representantes exigen que el lujo reconozca su gran parte de culpa en su existencia, pero éste lo sigue culpando al egoísmo.

La solidaridad ha intervenido a fin de acercar posiciones, se espera un pronto arreglo pacífico y justo.

La noche cubre casas y esconde dolores y fantasmas.

Se espera con ansia la mañana, la que será decisiva teniendo en cuenta las últimas negociaciones.

El velo de la noche se va escurriendo como la sangre se va diluyendo en lagos y ríos.

Suenan las trompetas ¡Ha caído la Hipocresía!, ¡Por fin!

Los muertos son recogidos y sepultados. Se habla ya de los honores a rendirles a los caídos en las batallas.

La gente sale de sus casas, los combatientes dejan sus yelmos y armaduras, beben y comen lo que les alcanzan los dueños de las casas.

Se planea la fiesta. Surgen las preguntas:

- ¿Dónde la haremos?

- En el centro del Condado sería lo mas lógico.

- Creo que al Condado del valor sería al que le correspondería ya que fueron ellos quienes derrocaron a la Hipocresía.

- Sí y no, el condado de la Fuerza expuso más, deberían elegir ellos.

- Pero, no se había decidido ¿que de ahora en más, la mentira o el ocultamiento no debería existir para no permir la aparición de nuevos vestigios de hipocresía?

- Sí, pero no podemos irnos a los extremos. No todo lo del régimen de la Hipocresía era malo.

- ¡Ah! ¿no?

- Por ejemplo…

- Seamos coherentes no se pude decir la verdad a todos, hay gente que no entendería las cosas y pueden con su accionar perjudicar a otros.

- Sí, eso es verdad, pero…

- Además, nosotros que somas mas ricos e inteligentes perderíamos más que esos otros que no tienen nada

- ¿Entonces?

- Bueno, creo que…



Desde lejos caminando por el sendero de “Los ideales” la ideóloga, la mujer que se convirtió en guerrera para vencer a la Hipocresía se aleja…

Nadie lonota y algunos que la ven cuando está por desparecer en el horizonte, se alegran de su partida.

Después de todo. Es muy difícil enfrentar al mundo sin máscaras

Alguien pregunta:

- ¿saben cómo se llama?

- Creo que sí, dice un hombre pensativo.

- ¿Cuál es su nombre?

Luego de un silencio dice: Se llama Verdad.

- Es la hija de Honor y Lealtad…

                                                                                                                   Saya Maabar

 
 
 
 

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Mi sombra

Caminaba segura, firme casi pegada a mí, como mi sombra. Siempre a mi lado sin despegarse jamás. A todos lados y donde fuera con sus garras prontas para atacar, silenciosa y ágil como un felino se deslizaba tras de mí.
En los lugares más repletos de gente, se ocultaba pero no me dejaba jamás.
No recuerdo un momento en que no estuvo conmigo. Cuando cumplí mis quince años, en la fiesta que nunca tuve; cuando recibí mi título universitario, mientras abrazaba a mi hermano y se deslizaba una lágrima por mi mejilla. Cuando lograba mis éxitos profesionales, al lado de cada uno de los reconocimientos, ella se recostaba junto a los premios. En las Fiestas de Fin de año cuando todo era alegría, ella estaba al lado mío en la mesa tendida cerca del Árbol de Navidad.
Cada vez que conocía al hombre que pretendía ser el descubrimiento del amor, ella se acercaba con su elasticidad acostumbraba y después de la cita se volvía conmigo a casa.
No siempre se quedaba inmóvil mas de una vez me atacó con sus dientes y sus garras hasta hacerme sangrar. Muchas veces quise que desapareciera y hasta creí que se había ido en algunas oportunidades, pero pronto la ilusión desaparecía y regresaba más fuerte y más segura.
Yo intentaba todo para que no me atacara pero a medida que pasaba el tiempo, parecía ensañarse más y más conmigo. Sus dientes y garras rasgaban mi piel, sangraba más y más.
También pedí ayuda, primero tímidamente luego a gritos, la gente que me rodeó y me rodea no se da cuenta y ella vuelve irónica, triunfante y vuelve a instalarse en mi vida.
De pronto no me ataca, no me sigue, entonces empiezo a preguntarme cual es la razón y no la encuentro. Descanso y espero verla aparecer de nuevo pero no lo hace.
Pasa el tiempo y descanso por fin siento la felicidad de su ausencia, la felicidad y el amor.
Pero un día de pronto aparece de repente, yo ya me había desacostumbrado a su presencia, me asusta, la miro a sus ojos que brillan ante el inminente ataque, pero ya no tengo fuerzas, ni siquiera retrocedo…me dejo caer en una silla resignada al ataque casi diría: deseándolo. Ella mide, observa se detiene y yo espero su avance, se acerca lentamente y yo casi a gritos le pido que esta vez no me desangre. Sí, le pido que esta vez me quite la vida de una vez por todas.
Como si me escuchara salta sobre mí y clava sus dientes y desgarra mi corazón; la sangre como un manantial va saliendo no ya de mi cuerpo sino de mi alma, esta vez la miro agradecida. Siento como la vida se me va yendo y le sonrío con gratitud, observo mi sangre como se desliza sobre el piso y va acercándose a una foto, la foto del hombre que por un tiempo impidió que ella volviera, ahora él ya no está y el amor se fue con su imagen y su dulce presencia; ya no está para aferrarme a su cuerpo, ni para apoyarme en su hombro, sus manos ya no me acarician; no está; por eso con mi último aliento doy vuelta la cabeza y la miro con dulzura y con mis últimas fuerzas le hablo y le digo ¡Gracias!
Mientras la vida se extingue en mi cuerpo, mi compañera….la soledad se aleja sigilosamente, ya cumplió su misión.
                                                                                                                                                                                      Saya Maabar

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